La propuesta de prohibir las redes sociales a menores de 15 años genera debate. Grégoire Borst, investigador en neurociencias, subraya que sin una verificación efectiva de la edad ni acompañamiento educativo, esta medida corre el riesgo de ser ineficaz.
Una regulación sistémica necesaria
La edad mínima oficial para acceder a las redes sociales ya está fijada en 13 años, una norma ampliamente eludida. El investigador aboga por un enfoque más amplio: auditorías de algoritmos, educación digital, verificación estricta de la edad y la posible creación de plataformas adaptadas para jóvenes de 13 a 17 años, sin mecanismos para captar la atención.
Amplificador más que causa
Los datos científicos actuales no muestran un vínculo causal directo entre las redes sociales y los trastornos psicológicos. Las plataformas amplifican síntomas preexistentes en personas vulnerables, especialmente en las chicas, más expuestas a los efectos negativos relacionados con la imagen corporal.
Una necesidad fundamental de socialización
Las redes sociales responden a una necesidad central en la adolescencia: la socialización con los pares. La exclusión social activa en el cerebro las mismas zonas que el dolor físico. Muchos jóvenes se declaran dispuestos a abandonar estas plataformas, siempre y cuando todos lo hagan, rechazando la autoexclusión de un espacio social que se ha vuelto ineludible.
Grégoire Borst recomienda a los padres interesarse por los usos reales más que por el tiempo de pantalla, y a los adolescentes estar atentos a su sueño y bienestar.
Para profundizar en este análisis, consulte el artículo completo.
Fuente: Prohibición de las redes sociales para menores de 15 años: lo que dice la investigación
Esta síntesis busca ser transparente y neutral. Disconnecto interviene aquí como observador del panorama digital, sin tomar partido. Le invitamos a consultar la fuente original para una lectura completa.


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